lunes, 13 de diciembre de 2010

Capítulo 5

   -¡Hasta luego!-dijo mi madre despidiéndose de la familia McCauley con euforia. La comida había ido tal y como ella esperaba.
   No obstante la cosa no había ido tan bien para mí. Primero, he tenido que acatar todos los deseos de la Señorita Megan McCauley y después ¡cómo no! No podía faltar mi hermana pillándonos con las manos en la masa. Desde que había bajado de mi habitación Emily me miraba fijamente y cuando le devolvía la miraba, desviaba la suya hasta otro lado… tenía que hablar con ella sí o sí.
   Cuando mis padres estaban demasiado ocupados, mi madre criticando a sus invitados y mi padre dándole la razón, como para no darse cuenta de que hacíamos Emily y yo, cogí a mi hermana por el brazo derecho y la llevé a la “escena del delito”. Mi hermana se sentó en la cama, y yo me senté a su lado. No me podía creer que en estos momentos estuviera comiendo en la palma de su mano.
   -¿Qué quieres?-dijo mi hermana.
   -Que…-me rasqué la cabeza-yo… estoy dispuesto a negociar.
   -¿Negociar qué?-dijo mi hermana extrañada. Por mi mirada adivinó a qué me refería. Alzó las cejas-¡Ah! Tú me hablas de Megan y tú haciendo manitas ¡Venga! Ya puedes ir soltando la pasta-dijo entre risas.
   -¿Qué pasta? ¡Ah, no!-dije cuando descubrí sus intenciones-No voy a darte dinero.
   -¿Cómo que no? ¡Entonces sería como un negocio sin negocio! Porque no hay negocio en el que el dinero no aparezca. Así que si quieres mantener ese secreto tan importante para ti, será mejor que vayas dándome dinero.
   -Me parece que tú has visto demasiadas películas pero bueno…-saqué veinte dólares-aquí está tu dinero.
   Mi hermana se comportó como suele ver en las películas, contando el dinero para ver si le había dado la cifra indicada. Aunque no sé qué había que contar, si sólo había dos billetes.
   -No será suficiente-dijo haciendo un gesto negativo-. Me tendrás que dar cincuenta pavos.
   -¿Como que cincuenta?-dije exhausto-¡Niña! Me vas a dejar seco.
   -Ése es mi precio. O lo tomas, o lo dejas-dijo con una sonrisa de lo más “dulce”.
   Me levanté y miré en mi hucha, tenía sesenta y dos dólares, y se supone que quería guardarlos para aquel videojuego que había salido a la venta el mes pasado y todo el mundo deseaba comprarlo… pero prefería salvar mi culo.
   -¡Aquí tienes! ¡Cincuenta!-dije dándole treinta dólares de mala gana. Mi hermana me miró con cara de “¿Seguro que está todo?” pero con una sonrisa añadida.
   -¡Gracias!-dijo mientras sus dedos jugueteaban con el dinero-Aunque no sé porque tanto miedo a que papá y mamá se enteren, el otro día los pillé haciendo lo mismo.
   ¡Y se quedaba tan tranquila al decirlo! Bueno, ella no sabía qué hacíamos ni el riesgo que corría mi cuello si se enteraran mis padres… así que mejor que siguiera pensando de esa manera.
   Lo que me gustaba de Emily, me parece que lo único, es que cuando la sobornas para que no diga algo no lo dice.
***
   ¡Ya era Navidad! Emily me despertó antes de lo normal para ir a abrir los regalos, sabía que quería quedarme a dormir hasta más tarde, por eso me despertó el primero. Mi padre estaba con la cámara grabando cómo abríamos nuestros regalos, y no sé qué ilusión daba grabar a un adolescente y a una niña abriendo sus regalos de Navidad. Mi hermana se dedicaba a ser la protagonista de tal grabación.
   Para colmo, mis padres me dijeron que nos íbamos a comer a casa de los McCauley, y tendría que soportar las miradas indignas de Emily y las miraditas que me echa Megan.
   Al llegar a su casa, mis padres se dirigieron a la cocina (donde estaban los padres de Megan). Ambos nos quedamos parados en la entrada, como si estuviéramos esperando que bajara alguien por las escaleras (esto era porque nada más entrar estaban las escaleras, a la izquierda el salón, en este mismo lado al fondo estaba la cocina, a la derecha estaba otro salón, y arriba estaban las habitaciones y supongo que el baño). El caso es que mi hermana se cansó de estar todo el rato en el mismo sitio y comenzó a moverse desesperada mientras daba saltitos.
   -¡Párate!-le dije dándole en el brazo.
   -¿Por qué?-dijo sin hacerme caso-Llevamos aquí un buen rato ¿no podemos irnos a otro lado?
   -¡No!-esta vez tuve más suerte y la cogí del brazo y conseguí que se parara-Verás, si no me haces caso vendrá el hombre del saco.
   -¡Eso no es verdad! El hombre del saco no existe-dijo con un tono superior-. Me lo dijo papá.
   -¿Que no?-dije fingiendo estar sorprendido por no creerme-Pues lo conozco, y te lo puedo demostrar ¿Quieres ver cómo le llamo y viene esta noche?
   -¡No, no!-dijo pegándose a mí-¡No quiero!
   -Pues entonces quédate quieta.
   En ese momento bajó Megan, con un atuendo muy rosado. Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella sonrió. Yo intenté devolverle la sonrisa, pero no podía.
   -¿Qué hacéis aquí?-dijo con una sonrisa-¿Por qué no os habéis quitado ni siquiera la chaqueta? ¡Pasad!-dijo mientras nos indicaba que subiéramos por las escaleras.
   -Yo quería subir arriba pero Ryan…
   No pudo continuar con sus palabras, porque le di un pellizco muy fuerte y tuvo que cambiar lo que iba a decir por un “¡Ay!”. Megan optó por reírse.
   Megan nos condujo a su habitación, que estaba repleta de posters y fotos con amigas suyas (igual de pijas que ella, por cierto). Era más pequeña que mi habitación, pero dado que su ropa no estaba tirada por el suelo daba la sensación de mayor espacio. En cuanto entramos Megan y yo; y mi hermana quería entrar también, Megan le taponó la entrada para que no pasara. Emily quería pasar, pero por más que lo intentaba no podía.
   -Mira Emily ¿Qué te parece si te pongo un juego en el ordenador que seguro que te gustará?
   -¡Vale!-dijo Emily con una sonrisa. Se la llevó al despacho, que era donde se encontraba en el ordenador, mientras yo me dedicaba a acomodarme en aquel infierno de color rosa.
   Cuando escuché unos pasos que se dirigían hacia aquí supe que el demonio del infierno rosa ya había vuelto. No era simpatía por Emily, sino que quería quitársela de encima. Cerró la puerta y se sentó conmigo en la cama.
   -Bueno… ¡ya estamos solos!-dijo con una sonrisa. Yo no me alegraba tanto.
   -Oye, Megan… mira no sé qué pretendes. El otro día nos pilló mi hermana de pleno, y suerte que era mi hermana… porque si llega a nuestros padres…
   -¿Crees que son tontos? ¿Qué crees que hacían a nuestra edad? ¿Jugar al escondite?-puso su mano en mi pierna derecha y fue ascendiendo hasta mi ingle. Pero yo, reaccioné a tiempo y cogí su mano y la puse con rabia en el edredón.
   Megan pareció ofenderse y se levantó, con rapidez cruzó sus brazos. Pobre niña mimada.
   -No sé de qué vas, en serio. Te gustaba hace unos años, y ¿ahora no?
   -Lo que pasa es que si a lo mejor me dieses un poco de tiempo…
   -¿Tiempo? ¿Para qué?-dijo de manera cortante-Déjame adivinar, tenías novia ¿no? Te vaticino que ella no volverá contigo, porque para cuando vuelvas ella ya tendrá novio y posiblemente un bombo de siete meses-eso me dolió, sabía que era verdad… pero no quería imaginarlo-¡Vamos! Date el gusto de saber de que cuando pase tú ya tendrás a alguien mejor… y ese alguien soy yo.
   Una parte de mí estaba feliz, pero otra estaba completamente avergonzado al pensar tal situación como esa.
   -Lo siento pero… no puedo hacer algo así a Nikki-me levanté de la cama y me fui a buscar a mi hermana.
   Estuve molesto durante toda la comida, mi madre no hacía más que preguntarme que qué me pasaba. Emily le estaba contando a mi madre que tenía que haber sido tonta como para no pedirle a Santa Claus ese juego de ordenador tan chulo, y que ya de paso si se lo podrían comprar. Mi madre hizo una mueca y maldeció por lo bajo, pero fue lo suficientemente alto como para que la pudiera escuchar.
   Por la noche me encerré en mi habitación, el día había sido movidito y no tenía ganas de hablar con nadie. Pero sí que necesitaba hablar con alguien: Nikki. No hablaba con ella desde que nos fuimos, y aunque solamente había pasado una semana desde mi partida la echaba mucho de menos; así que cogí mi móvil y la llamé.
   -¿Diga?-escuché una voz dulce que me cautivaba cada vez que la oía.
   -¡Nikki!-estaba nervioso y no sé por qué, no hacía tanto tiempo que no hablábamos.
   -Ryan… eres tú…-por su voz no parecía estar muy contenta de escucharme.
   -Sí ¿pasa algo?
   -No, lo que pasa es que yo… no esperaba tu llamada
   No tuve valor para hablar, ella no hablaba y las palabras no salían de mi boca. Algo me decía que había hecho mal llamándola.
   -Ryan…-continuó ella-yo quería hablar contigo sobre ya sabes… tú y yo.
   Cuando escuché esas palabras sabía que algo no marchaba bien ¡y pensar que hace sólo siete días las cosas estaban demasiado tranquilas en Dakota del  Norte!
   -¿Qué pasa?-dije yo asustado.
   -Yo… no sé cómo ha pasado. Es que… me sentía tan sola, ya sabes el rollo que ocurre con mis padres… la separación, tú por otra parte… que… yo… Chad…
   -¿Qué pasa con Chad?-me temílo peor.
   -Lo siento Ryan, pero estoy saliendo con Chad… Espero que…
   -¿Qué? ¿Con Chad? Pero, no entiendo… tú y yo… dijiste que funcionaría…
   -Lo sé, lo dije… pero me doy cuenta de que las relaciones a distancia no funcionan, y por mucho que te quiera siento decirte que lo mejor es que cada uno continúe por su camino…
   -¿Cómo que lo mejor?-respondí enfadado-Se supone que nos queremos, y por muy lejos que estemos esa llama de pasión no se tiene por qué apagar.
   -Ryan, no te pongas así… por favor. Me está costando mucho decírtelo.
   -¿Sí? Pues no lo parece. Quieres hacerme creer que estás desolada por lo que has hecho… ¡pero no! En realidad estás contenta porque alguien ha podido hacer el papel que yo he hecho contigo durante todo este tiempo… Calmar tu dolor.
   -Ryan, no es eso… yo te quiero más que a nada…
   -Si me quisieras más que a nada no te habrías ido con el primero que has pillado Nikki, y menos con mi mejor amigo.
   -¡No lo hicimos aposta! Nos enamoramos casi sin darnos cuenta, Ryan. Esperaba que te comportaras como un chico maduro, pero veo que sigues siendo un niño. Chad es más maduro que tú, y eso que es casi medio año más pequeño que tú.
   -¡No hables de madurez! Tú eres la primera inmadura, niñata ¿De qué vas? Si hasta mi hermana es más madura que tú, con solo ocho años.
   -Ryan… eres de lo peor-dijo disgustada. Sabía que me estaba pasando, pero la cólera que irradiaba por mi cuerpo hacía que sacara lo peor de mí.
   -Tienes razón. Soy de lo peor… y como soy de lo peor voy a decirte una cosa. Encantado de haberte conocido Nicole Marie Williams.
   Corté la llamada. No la volvería a llamar, estaba completamente seguro. Estaba furioso, me daba rabia saber que Megan tenía razón. Encima me había dejado por aquel que creía mi mejor amigo allí. No, no iba a permitir que se rieran de mí ni una vez más… porque yo era fuerte. Y ahora que estaba en Miami borraría mi antigua vida, comenzaría con ganas una nueva y sería por todo lo alto. La única manera con la que podía conseguirlo era con Megan, así que la llamé. Me cogió el teléfono casi de inmediato, sabía que era yo.
   -Megan, soy Ryan-dije con una sonrisa fría en mi cara-. Me estaba replanteando lo que me has dicho esta mañana.

5 comentarios:

  1. Wapaaaaa!!! Me encanta!!! Ya lo sabes!!! Espero que a la gente tambien le guste y en cuanto pueda me pongo al siguiente capi!!! Un besote mi niña!!! Sigue asi!!! muaks!!!

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  2. yo solo digo ke un clavo saka a otro clavo pero el primero siempre keda anclado y el segundo se keda clavado muahaha
    me flipa el capi esta xulisimo.Espero el siguiente pronto!!Un besito!^^

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  3. dioooss! =0 me habeis dejado super interesante joder con nikki macho l dejao =( lo k duelee k te dejen x distanciaa... me da pena ryan xDDD pero bueno tiene a la puta esa xDD seguir asi chicas k loa ceis genial =)

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  4. n veas con la nikki de los cojones tb, es xicaa, pobrecitoo q pena m da Ryan, aunq lo q va hacer n es de buen pensamiento, ya q se va a vengar de nikki con Megan, eso n esta bien, m encantaa deseando leer el siguient, besitos niñas xD

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  5. ¿Todas las chicas de Ryan son igualemnete ligeras de cascos? jajajajaja. El pobre la lleva clara... =))

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