miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 10



Bajamos del coche y nos dirigimos a la entrada. Me notaba tenso y relajado a la vez. Entre la escena acontecida anteriormente por Danna y Megan, y los posibles problemas que ocasionarían posteriormente… era, a duras penas, una situación graciosa y terrorífica. No quiero ni pensar qué puede suceder de ahora en adelante cada vez que se crucen. Por un momento, me quedé pensativo. No sabía realmente el porqué de la visita de Nothing a mi casa. Tampoco debo estar muy cerca de ella mientras esté Megan delante, por el bien de todos. No quiero que Danna sufra nada por parte de mi chica. Un trozo de mí se sentía algo protector con la chica rara, pero no debía permitir que un sentimiento se agrandase de mala manera. Ahora que lo pienso, tengo que pedirla explicaciones por presentarse en mi puerta y la verdad sobre aquel bosque. No me daba buena espina.
Nos adentramos en el instituto. Yo estaba tan absorto en mis pensamientos, que no me di cuenta de que Megan tiraba de mi brazo como una muñeca de trapo. Solo seguía sus pasos. Notaba como hablaban entre ellos, pero no entendía lo que decían. Miraba a los lados para ver si la encontraba, pero parecía que se la hubiese tragado la tierra. Pensé en ir al bosque. Según le dije a Megan, tenía sentido que ella estuviese espiándonos en aquel lugar. Y fue la primera vez donde la conocí. No sabía por dónde ir, pero necesitaba ir. Algo me decía que tenía que hacerlo y no podía esperar.
-Megan, cariño- intenté llamar su atención.
-Ahora no, Ryan. Estoy hablando de algo importante.
-Me parece bien. Yo me voy- lo dije con indiferencia. Ella paró en seco las sílabas que salían por su boca, agolpándolas en su paladar.
-¿Cómo? ¿A dónde vas si se puede saber?- me recordó a mi madre, y esas preguntas que quieren decir “vas si yo lo digo”; me ponen realmente enfermo y molesto.
-Tengo que hacer unas cosas. Luego te cuento. Chao, te quiero- la besé fugaz y me marché como si el mismísimo diablo me pisara los talones.
La dejé con la palabra en la boca. Eso la enfureció, lo sé, pero me daba lo mismo en ese instante. Corrí como nunca lo hice, y noté como los pulmones me subían por la garganta. Una sensación rara y extraña me invadió el cuerpo. Aminoré el paso para tranquilizar mi respiración y los latidos de mi corazón. Sentía un pánico interior que no impedía mi movimiento corporal.
Sin saber qué hacer en mitad del bosque, actué con lo primero que se me ocurrió.
-¡Danna!- grité con todas mis fuerzas y creí que podría hacerlo mejor.
Sin darme cuenta, ya había avanzado algo más. Cuando estuve corriendo no me enteré de haber llegado al bosque. Al ver a mi alrededor todo verde y el campo de velocidad empequeñeciéndose, lo tuve claro. Tomé aire y paré. Cuando recuperé la respiración, no dudé en gritar su nombre con todas mis ganas; aunque aseguraba de antemano que nadie me escucharía.
-¡Danna!- volví a gritar, cerciorándome que no podría subir más mi tono de voz, así que como una manera de supervivencia, lo repetí las veces que mis cuerdas vocales me lo permitían-. ¡Danna!- hice una pequeña pausa- ¡Danna!
Al verlo inútil, comencé a andar despacio por el arenoso suelo del bosque. Noté una brisa recorrer mi nuca. Un escalofrío invadió mi ser como un demonio diabólico en busca de un cuerpo donde sobrevivir.
No sé cuánto tiempo estuve andando, ni cuánto tiempo estuve adentrándome en el bosque. Pero sin darme cuenta no sabía en qué lugar situarme. Volvió la brisa de hace unos… ¿minutos? No sé ni cuánto tiempo había pasado desde la última vez. Sopló con más fuerza que la anterior, notando un ligero frescor que provocó los pelos de mis brazos ponerse en punta, al igual que mi carne se tornó de gallina.
-¡Ryan!- se escuchó un grito familiar detrás de mí, y un poco preocupante. Me giré como me permitía el cuerpo-. ¿Qué haces aquí?- terminé de girarme por completo a una lentitud inhumana.
-¡Danna!- se me acercó con rostro desencajado y me agarró la cara para que la mirase.
-¡Dime! ¿Qué demonios haces aquí a estas horas?
-He venido a buscarte- se lo solté con tranquilidad y mirándola profundamente a sus ojos azules. Se puso nerviosa y rompió la conexión que había formado nuestras miradas. Una pequeña sonrisa asomó en sus labios, pero sería imperceptible a cualquier vista sino estuviese alguien mirándola fijamente; sin contar con las pocas milésimas de segundo que duró dicha mueca. Me di cuenta de aquello y la aparté de mí, quitando el contacto de sus manos en mis mejillas y despejándome del ensimismamiento que había sufrido hace unos momentos.
-¿A mí? ¿Por qué?- sonó confusa.
-Por varios motivos. Déjame hablar y luego dices o haces lo que quieras. Primero, quiero saber qué hacías esta mañana en mi puerta. Y segundo, quiero que me digas exactamente qué ocurre en este macabro lugar- alcé los brazos señalando el paisaje-. Y no me vengas con que solo los árboles se mecen con una brisa que no existe. No soy tonto y no me creeré una explicación tan estúpida- dije todo de carrerilla y apuntándola con el dedo índice. Creo que me olvidé de respirar o tenía un orificio escondido para que no me ahogara tan rápido, sino, no sabría qué explicación darle a lo acontecido ahora mismo.
-Mira, bonito- le dio un manotazo para que dejara de apuntarla. Eso lo odiaba mucho-. Yo no tengo las respuestas a tus preguntas. Si fui a tu casa, era para comentarte lo que te dije. Que los árboles se mueven sin viento. No hay más allá; yo no sé más- cada vez alzaba más la voz-. Que sea la última vez que me vuelves a levantar la voz, y a apuntarme con el dedo. Tú no eres quien para exigirme nada.
-Claro que no lo soy. Ni lo quiero ser- se ofuscaban a medida que pasaban los minutos. El bosque estaba solitario y ahogaban sus voces al final del camino; dejando que la conversación fuese privada-. ¿Me vas a decir que no sabes por qué pasa eso? ¿Tampoco me vas a decir que tú eres la culpable de todas las desapariciones que ocurren aquí?
¡Crack!
Sonó como el crujir de una rama cuando ha sido pisada recientemente. Así notaba el rostro desencajado y triste de Danna. Le había dado donde más le duele y a mí se me calló el alma al suelo. Sus ojos describían perfectamente su desilusión por mis palabras. No esperaba esa duda, y menos por mi parte. Siempre que se discute, se dicen cosas que no se piensa, cosas que no quieres decir pero las dices y haces daño; mucho daño. Quise rectificar y ella lo vio en mis ojos preocupantes. Negó con la cabeza y se giró cabizbaja. La vi alejándose de mí y el alma bajó a las profundidades, donde no pudiese encontrar el camino de vuelta a mi cuerpo sin vida. No sabía si era el lugar, el momento o los sentimientos. Reaccioné cuando casi la había perdido de vista.
-¡Espera!- grité mientras corría en la misma dirección en la que ella se había marchado.
Cogí tanta velocidad, que ni me di cuenta que casi la estaba alcanzando. Me faltaba poco. Mi respiración se tornaba agitada. Volví a gritar.
-¡Espera!
-No me sigas. No quiero verte.
-Déjame explicarme.
-Ya has dicho suficiente- seguía caminando con el mismo paso con el que se marchó. La voz sonaba a tristeza, desilusión y desganada.
-No quería decir eso- intenté excusarme, pero sabía que no era suficiente.
-Pero lo has dicho- se giró bruscamente y paró en seco, consiguiendo que yo frenara de golpe y me chocara con ella. Caímos en una zona de hierba y quedó debajo de mí, aplastándola.
-Si, lo he dicho y te pido disculpas. No quería decirlo. Ni siquiera lo pensaba- continué aun encima de Danna y con los rostros muy juntos.
-No me importa si lo piensas o no. Lo has dicho en un momento que no debiste decirlo, con lo cual lo piensas aunque tú no lo sepas- contestó girando la cabeza a un lado, intentando esconder la pequeña lágrima que se asomaba y bajaba por su mejilla.
-De verdad, lo siento mucho- le limpié la gota salada que seguía resbalando lentamente por la posición de su cara. Giré su rostro para que me mirara fijamente.
-No lo he pensado jamás, créeme.
Nos quedamos en silencio. Mirándonos por unos segundos que se nos hicieron eternos. No sabía por qué, pero sentía unas ganas inmensas de acercarme más a ella. Lo hacía inconscientemente.
-¿Has terminado?- su cara cambió a un sentimiento de enfado y rencor. Me desoló.
-No- negué enfadado por su cambio de actitud.
-Pues dime lo que me tengas que decir y quítate de encima.
-No tengo nada que decir, pero no me levantaré hasta que no me perdones por mi estupidez.
-Precisamente por eso. Es tu estupidez y yo no puedo arreglártela con un simple perdón.
Debió ser el momento, la forma de hablarme, mi impulso por la necesidad de sentirla o por un cúmulo de todas juntas. Sin pararme a pensar, junté mis labios con los suyos y dejé fluir mis sentimientos de una manera que nunca creí que existían. Ella me correspondió aunque al principio se resistiera. Mi necesidad era tal, que hasta que no quedó saciada no paré de besarla, de sentir su lengua rozando con la mía; jugueteando. Sentía un hormigueo dentro de mí y no sabía exactamente qué era.
Abrí los ojos y me topé con los suyos. Una corriente eléctrica y después… Después una gran luz invadía mi interior. En cuanto me desprendí de sus deliciosos labios, la luz se apagó y volvió la oscuridad

miércoles, 9 de marzo de 2011

Capítulo 9

                 Volvimos a nuestras casas sin rastro de Megan, temía que le pudiese haber ocurrido algo. Mason comentó que mientras la estaba buscando había encontrado uno de sus zapatos, pero ya está. Y lo peor es que sabía que todo esto había sucedido por mi culpa.
                Los primeros cinco minutos de la mañana siguiente fueron geniales, pues no me acordaba del incidente en el bosque; pero cuando los recuerdos vinieron me derrumbé.
                Me dirigí solo hacia el instituto, al ver la casa de Megan se me pusieron los ojos vidriosos e intenté reprimir mis ganas de llorar. Emily, que era muy lista, sabía que me pasaba algo e intentó durante toda la tarde hacer tonterías –cosa extraña en ella, pues a ella le encanta verme sufrir… algo querría de mí–.
                Para mi sorpresa cuando llegué al instituto me encontré a Megan, estaba hablando desesperadamente con sus amigos mientras ellos reían sin parar. Fui corriendo hasta donde ellos se encontraban, era un gran alivio saber que no le pasaba nada de nada (o al menos no le había pasado aquello que yo pensaba). Cuando ella se percató de que estaba allí se acercó hacia a mí y yo presioné mis labios fuertemente con los suyos.
                -Megan-comentó Tracy mientras lloraba de la risa-, entendemos que te asustases y todo eso… pero de ahí a que digas que alguien quería secuestrarte…
                -¡Es la verdad!-contestó Megan una vez finalizó nuestro corto beso cruzó sus brazos y observé cómo intentaba no derrumbarse y llorar-Alguien quería secuestrarme y no dudaría en que fuera la persona que está detrás de todas esas desapariciones.
                Me quedé boquiabierto, si Megan hablaba en serio entonces no eran imaginaciones mías las absurdas sensaciones de que había alguien espiándonos. Parecía estar muy asustada y unas terribles ojeras se marcaban en su casi perfecto cutis. Mason se comportaba como lo hacían Cash y Tracy, pero sé que en el fondo él se dedicaba a fingir y que en realidad él creía a Megan; pues juraría que él era conmigo el que más estaba preocupado por lo que pudiese haberle sucedido.
                -Tú me crees ¿verdad?-Megan me miró desquiciada, buscaba en mis ojos alguna señal que le pudiera confirmar que sí le estaba creyendo.
                No supe qué decir, por una parte me parecía bastante creíble, ya que todo esto explicaba las demás desapariciones que habían ido ocurriendo a lo largo de las últimas semanas; pero por otra parte creía imposible el hecho de que hubiesen querido hacer algo a Megan y que ella estuviese ilesa.
                -Pues no sé Megan-la miré indeciso,-me parece todo tan…
                -¡Está bien, está bien!-me cortó Cash alzando los brazos y poniendo un tono tranquilizador-tomar éxtasis no es bueno y Megan es el claro ejemplo de ello, así que será mejor que lo dejemos antes de que comencemos a delirar como ella.
                Y por mucho que esto pareciese una absurda broma, ella no dejaba la mala cara por unas risas con el grupo.
              La mañana transcurrió de una manera muy lenta, juraría que fue como si hubiese hecho dos días escolares seguidos. Danna no apareció en todo el día, al menos no estaba en la hora de la comida y en clase de Plástica.
                Al salir de clase vi cómo Megan se dirigía con una sonrisa en la cara a un coche gris metalizado descapotable. Fue la única vez que la vi sonreír esta mañana. Se subió al coche y me invitó a subir.
                -¿Quieres subirte?-abrió la puerta del copiloto, ya que esperaba un sí por mi parte.
                -¿Ya tienes el carnet de conducir?-le pregunté mientras subía al coche.
                -Sí, te quería dar la sorpresa el otro día… pero tenía que esperar un poco para que me diesen el coche.
                Me deprimió que ella hubiese conseguido el carnet antes que yo, y no era porque fuese más joven que yo… sino porque lo había intentado ya varias veces y siempre acababa suspendiendo uno de los dos.
                -¡No sabes cuánto me alegro por ti!-le contesté, aunque la combinación de esas siete palabras no eran más que mentira.
                El color gris metalizado del coche producía un resplandor asombroso ¡cómo se notaba que el coche no era de segunda mano! Me podía imaginar cuál sería el coche que mis padres eligiesen para cuando ya tuviese el carnet de conducir: de segunda mano, puede que la capa de pintura esté rallada, y que no me dure más de dos mil kilómetros.
                -Ahora yo tendré que pasar a por ti en lugar de tú hacerlo por mí. Además-realizó una pausa-, no me apetece que me recojas para que mi madre comience a darte sermones.
                Me parecía absurdo que no fuera a recogerla y después ambos nos fuésemos en coche, pero es que entonces tendría que aguantar la charla de su madre y eso es lo que ella no quiere. Y es que, cuando estuvo enfrente de su casa pasó de largo para que no tuviera que ir andando en lo que me quedaba de camino.
                Cuando llegamos a mi casa vi cómo Emily me miraba maliciosamente mientras comía un yogur de fresa en la puerta de casa. Se había quedado boquiabierta con el nuevo coche de Megan ¡desde luego que no se parece ni por asombro al coche de diez años recién cumplidos que tiene mi padre!
                Mientras me despedía de ella notaba una sensación horrible, era como si la mirada de mi hermana me estuviese atravesando.
                -¿Ves? Ese es el coche que nunca tendrás-señaló el coche de Megan una vez ambos estábamos embelesados mirando el coche de Megan.
                -¡Cállate enana!-le contesté con una colleja-¿Qué vas a saber tú de lo que tendré o no?
                Emily presionó los labios y sus hombros se tensaron haciéndola parecer un gorila. Me encantaba ver los momentos en los que había conseguido hacer quedar mal a la monstruillo de mi hermana.
                -Lo que pasa es que yo al menos pienso con la cabeza; no como tú, que te dedicas a vivir en un mundo en el que todo va al “son” tuyo ¡Ah, por cierto!-temí escuchar esas palabras, pues siempre que lo dice lo que continúa nunca es nada bueno para mí. Seguido de esto cruzó los brazos-el billete de veinte dólares que me diste el otro día era falso, si no me das en un plazo de un día otros veinte dólares nuestro trato quedará anulado y entonces le contaré a mamá lo que estabais haciendo Megan y tú-realizó una sonrisa malévola.
                ¡Maldita mocosa de ocho años! Se comporta como una de veinte. Bueno, eso debe de ser por el montón de series de adolescentes que ve. Y, es que creo que en realidad no tiene ni idea de qué es lo que me dice, sino que todo es una sucesión de palabras que ella ha escuchado en la televisión y se encarga de repetirlas como un loro.
                Pero la verdadera razón por la que la maldecía era por el billete falso de veinte dólares, pues veinte dólares era lo único que me quedaba ya en la hucha. Ahora sí que podía decir adiós a mi querido videojuego, el que a lo mejor el año que viene, cuando esté rebajado y hayan sacado uno que lo supere mil veces, tal vez lo compre.
                -¡Anda, deja de comportarte como si te comieses el mundo! El día en el que me haya deshecho de ti celebraré una fiesta por todo lo alto-contesté eufórico.
*
                A la mañana siguiente lo primero que hice fue darle el dinero a Emily para que se quedase contentita. Escuché la conversación entre mi madre y Emily; nada interesante, pero comparado con las noticias… Emily le estaba contando a mi madre que había un chico de su clase que se llamaba Zach, que estaba como un tren (tengo miedo de saber cómo debe de ser ese chico, porque siempre que mi hermana dice que alguien es guapo es lo contrario), que es el que mejor calificaciones saca y que con tan solo casi nueve años es una máquina jugando al rugby. Vamos, el típico chico prototipo que vuelve locas a las chicas; pero esa no es la realidad, de ese tipo de chicos aparecen uno entre mil, y luego a los demás ¡a despreciarlos!
                Intenté desesperado hacer cualquier cosa con tal de no escuchar nada de lo que decían; silbé, comencé a carraspear la garganta, a toser… pero a medida que mis ruidos impedían más que su conversación fluyese gritaban.
                A las ocho menos veinte sonó el timbre, yo pensaba que era Megan con su nuevo coche. Cogí la mochila y las llaves y me despedí de mis padres y Emily, claro que la persona que estaba al otro lado de la puerta no era exactamente Megan.
                -¿Danna? ¿Qué haces tú aquí?-pregunté sorprendido.
                -¡Déjame adivinar! Pensabas que era la pija de Megan con su “súper-nuevo” coche-se enfureció.
                Pude ver que el odio que había entre ambas no era solo por parte de un miembro, y no sabría decir quién odia más a quien.
                -¿Qué te pasa con Megan?-dejé la mochila en el suelo, pasaba de llevar encima durante unos minutos un peso muerto-Sé que las dos sois un poco diferentes-miré de arriba abajo lo que llevaba hoy, no era nada comparado con la ropa colorida y de marca de Megan-; bueno, rectifico, muy diferentes.
                -¿Qué me pasa? ¿A ti también te ha lavado el cerebro la zorra ésa? Te lo diré; primero es simpática contigo, después cuando ya has picado su anzuelo entonces te retuerces de dolor y te das cuenta del error que has cometido.
                -Eso no venía ahora a cuento ¿Cómo sabes que vivo aquí?-me enfadé por las brutales palabras que le había dedicado a ella. Sé que Megan puede resultar un poco odiosa, pero no se parece en nada a lo que la gente piensa que es en realidad.
                Danna frunció el ceño y me miró con sus ojos fijos en los míos. Noté como una gota de sudor frío, producto de la incomodidad, recorría mi frente con lentitud. Desvié la mirada para no tener que observar esos grandes ojos azules.
                -Diría que la marca de los neumáticos de Megan es la causante.
                -¿Te dedicas a espiar a la gente?-me temí que todo lo que decían de ella era una verdad como una casa ¡Y eso que pensaba que tal vez la estaban juzgando mal!-¡Qué rara eres!
                -Más o menos, así puedo fastidiar un poco a los que me joden la vida-en resumen: Cash, Mason, Tracy, Megan y yo ya estoy en su punto de mira-. Y ¿rara? Chico, tú no sabes lo que es ser raro.
                -Y, según tú ¿Qué es ser raro?-me aproximé hacia ella, pero se alejó para que ambos continuáramos teniendo la misma distancia.
                -Ser raro es alguien que no tiene personalidad, que le da igual tirarse por tierra con tal de ser como los demás, puede arriesgar muchas cosas valiosas por algo que no vale nada. Lo que yo soy es una persona libre, no me comporto como la sociedad quiere que lo haga.
                Con eso acababa de dejar claro que se portaba porque estaba en contra de la sociedad, diría que esto es mucho politiqueo.
                Recordé entonces el incidente entre ambos, eso que ella me iba a decir ayer y no lo hizo. Era el momento de preguntárselo.
                -Oye, y olvidando eso de ser raro… ¿Qué era eso que tú me tenías que decir ayer?
                -¿Ayer?-se extrañó-¿Decirte yo? ¿Qué?
                Me quedé perplejo ¿me estaba tomando el pelo? Parecía el otro día que lo que me iba a decir era algo muy importante, y ahora se había olvidado por completo.
                -¡No te hagas la tonta! Ya sabes… Cuando tú y yo nos encontramos en…
                -¡Ah sí! ¡Ya recuerdo!-dijo cortándome-Pues eso, que los árboles se mueven sin que haya viento.
                Abrí los ojos y miré un poco más a esa chica, desde luego que me estaba tomando el pelo ¡Era prácticamente lo mismo que yo había dicho pero sin interrogantes!
                -¿Solo eso?
                -No sé por qué esperabas que te iba a decir algo más, yo no soy una experta o una meteoróloga para entender el viento y sus fenómenos-sonrió, entonces sacudió mi pelo con la mano derecha y lo despeinó sutilmente.
                Tras esto nos quedamos callados, había mucha tensión cuando nuestras miradas se cruzaban.
                -¿Sabes qué? Juraría que es la única vez que una brisa de Miami puede darme algo de frío-comenté mientras me daba un escalofrío.
                -Y ¿Sabes qué?-cogió mi camiseta arrastrándome hacia ella-estás tan…
                -¡Nothing, gilipollas!-pude escuchar cómo la voz de Megan terminaba ese momento tan tranquilo con sus gritos y con el claxon del coche-¿Por qué no intentas desaparecer debajo de la tierra como lo quiere Taylor Momsen?-¡vaya! Pensaba que Megan era más de música pop.
                Danna se giró incrédula, tragó saliva y apretó los labios. Se acercó hacia a Megan y puso sus manos en la puerta del coche ¡la que se iba a montar!
                -¡Eh!-gritó Megan mirando a Danna con asco-¡Quita tus sucias manos de mi coche! No lo vayas a ensuciar.
                En cuanto Danna escuchó eso comenzó a restregar sus manos por toda la puerta del coche, haciendo que Megan enloqueciese. No pude contener la risa, pues me parecía una situación graciosa.
                -¡Uy! ¡Lo siento!-fingió lamentarse-¿Te he ensuciado el coche? No he podido evitarlo-volvió a su tono normal y burlón-. Y, dime ¿Cuántos polvos te ha costado el coche? ¿Cien? ¡No, ya lo sé! Te has acostado con el tío que vendía los coches y después te ha vendido uno por tus servicios.
                -Al menos hago más que tú-sonrió-, no sé quién querría tocarte; estás cubierta de telarañas, ni siquiera el más friki, después de ti, querría hacerlo.
                Me aproximé y vi como saltaban chispas alrededor de ellas, en cualquier momento se produciría un cortocircuito.
                -¡Que sí, lo que tú digas!-puso los ojos en blanco y se giró para despedirse de mí-Bueno, me voy-se aproximó un poco y habló en voz baja, pero fue lo suficientemente alto como para que Megan la escuchara-¡Suerte con ésta! Te hará falta.
                Danna desapareció poco a poco y yo no tuve más remedio que subirme al coche, Megan estaba muy enfurecida y no dudaba de que si le decía algo podría salir mal parado.
                Estuvimos los primeros dos minutos callados, ella resoplaba cada veinte segundos. Al final iba a ser coronado como el cornudo del instituto, ya que todos decían que Megan era una puta. Observé las huellas de Danna, que ahora formaban parte de la puerta del piloto, tras recordar lo que había ocurrido hace unos minutos comencé a reírme como si estuviera sucediendo ahora.
                -¿De qué te ríes?-preguntó Megan atónita.
                -¿Yo? De nada, simplemente de una cosa que hizo mi hermana ayer y me resultó muy gracioso.
                Megan sonrió, olvidó por completo el incidente con Danna y respiró profundamente, después soltó el aire lentamente.
                -Sí, me lo puedo imaginar-¡No, hija! ¡No te lo imaginas! Ni siquiera me estoy riendo de mi hermana-. Esa renacuaja, debe ser todo un monstruito en casa-realizó una pausa-. Por cierto ¿Qué hacía Miss Nothing en tu casa?
                Esa pregunta la identifiqué como un problemón, porque no sabía qué decir para que no pareciese que la estaba engañando con esa supuesta friki.
                -Me estaba espiando ¿te lo puedes creer?-mentí, no era exactamente eso lo que estaba haciendo, después de todo-Desde luego que esa chica cada día me da más miedo.
                Me maldecí mil veces por dejarla mal, no era eso lo que quería… pero el miedo a que pensara que le estaba poniendo los cuernos me obligó a decir tal cosa como ésa. Me sentía muy culpable, ahora ella tendría que pagar por mi mentira.
                -¿Hablas en serio?-preguntó Megan indignada-¡Esto es el colmo! Pero ¿Qué se ha creído la gilipollas ésa? Puede que sea una pesadita, pero ¡a mi novio nadie lo toca!
                Y mientras me debatía entre si lo que estaba diciendo no era más que una manifestación de celos o de miedo llegamos al instituto.
               
               

miércoles, 26 de enero de 2011

Capítulo 8

Observé que jugaba con la cremallera de su estuche. Yo sin motivo, me quedé mirándola un rato más. Sin darme cuenta, sonó el timbre que indicaba el fin de la clase. Recogí las cosas al mismo tiempo que ella. Cuando terminé, me dispuse a hablarla, pero fue más rápida. Se levantó velozmente y salió de clase. Me quedé atónito y triste, mirando a la puerta y agachando la cabeza.
Pegué un respingo cuando noté un fuerte golpe en mi hombro derecho.
-          ¡Eh, tío! Vamos fuera, que nos esperan los demás.
Asentí con la cabeza. Salí guiado por Cash y su mano derecha en mi hombro. Al traspasar la puerta, ya vi a Megan en el pasillo. Me miró en un momento y me sonrió feliz. Se acercó a mí dando saltos y me abrazó con sus manos en mi cuello. Después me besó suavemente. La agarré por la cintura y disfrute de aquella muestra de afecto, pero no estaba del todo concentrado. Mi mente pensaba en Danna; la Nothing. ¿Cómo puede una persona tener un aspecto tan siniestro y misterioso? Me llamaba la atención y quería conocerla más, saber lo que piensa.
-          ¿Estás bien, Ryan?- preguntó Megan preocupada, lo que hizo que saliera de mis ensoñaciones.
-          Seguro que le ha dejado trastornado la Nothing- finalizó Mason entre risas.
-          Sí- contesté mirándole-, estoy bien- finalicé mirando a Megan a los ojos. Ésta me sonrió y volvió a besarme.
-          ¿Por qué no nos vamos por ahí?- sugirió Tracy.
-          ¿Dónde?- preguntó Cash.
-          Hay clase- añadí.
-          ¡Vaya aburrimiento! ¡Vayámonos a cualquier lado, por ahí! ¡Decidir!
-          ¿Vamos al bosque cerca de la casa de Ryan? Tiene pinta misterioso y podemos investigar- habló Megan con la sonrisa de oreja a oreja. ¿Otra vez? ¡No, por favor!
-          ¡Sí, vamos!- respondieron Cash y Mason al unísono.
Bufé y fui arrastrado del brazo por Megan. Por todo el instituto, estuve buscando a Danna, pero sin rastro de ella; como si le hubiese tragado la tierra.
Estábamos a punto de salir por la puerta, cuando me fijé en el baño de las chicas. Creí verla, pero cuando iba a dar media vuelta para ir hacia allí y comprobarlo, Megan me agarró fuerte del brazo y no pude zafarme. Al menos no quería que se molestara porque iba a hablar con otra chica, asique no insistí mucho. Salimos a la calle y nos dirigimos hacia el bosque frondoso que estaba cerca de mi casa. A medida que caminaba, me entraban escalofríos por el cuerpo. Ese bosque me daba muy mala espina, no sé por qué.
Por el camino; Tracy, Cash y Mason, estuvieron bromeando y sugiriendo qué hacer cuando llegásemos al bosque. Megan me observaba de vez en cuando con una sonrisa angelical. Tengo que reconocer que era bastante guapa. La devolví la sonrisa. Ahora que lo pienso, no hemos tenido ningún momento para estar a solas los dos. Entre las clases y la chica nueva, no hemos tenido una “escapadita” para estar juntos. No me había dado cuenta que pensaba mientras la miraba, lo que ella puso una mueca de extrañeza y felicidad.
-          ¿Estás molesto porque sugerí el bosque de nuevo?
-          No, solo algo cansado. ¿Por qué te has empeñado en ir al bosque?
-          Ya lo verás cuando lleguemos- sonrió pícaramente.
No quise darle mayor importancia, pero el pensar que Megan y yo podríamos estar juntos, abrazados y que pudiese llegar a ser mía, me excitaba mucho. Pasé la lengua por mi labio inferior, pues lo tenía reseco. Megan rió nerviosa. Le miré extrañado y ella hizo un gesto de “No es nada”.
Estábamos los dos apartados del resto del grupo. Una separación un poco considerable para decir que no íbamos juntos.
-          ¡Vamos tortolitos!- gritó Cash andando de espaldas. Me imaginé que se tropezaba y caía. Sonaba cruel pero sería muy gracioso.
Aceleramos el paso hasta ponernos a la altura de todos. Comencé a tener una sensación extraña, como si alguien nos estuviera siguiendo. Miré de vez en cuando hacia atrás, pero no veía a nadie. No me hacía mucha gracia. No quise decirle nada a éstos porque se reirían de mí y no me tomarían enserio, asique decidí callarme. Según avanzábamos, menos seguro de mí mismo estaba. Deseaba terminar con este suplicio y tumbarme en la cama pensando en un bonito campo con amapolas, o delante de mi ordenador a escribir mis pensamientos.
Sin enterarme, llegamos a un camino pedregoso. Nunca antes había visto aquel camino. Miré a mí alrededor para saber dónde nos encontrábamos y si estaba mi casa cerca. Divisé muy a lo lejos una antena de color naranja. Me acuerdo que fue lo primero que vi antes de entrar en mi nueva vida. Nunca había visto una antena de color. Casi siempre eran plateadas o negras, pero ésta, según mi madre, los vecinos la eligieron así para hacer juego con las casas de aquella urbanización. Todo sea dicho por los vecinos de alrededor. Se supone que una urbanización es como una comunidad en un piso, solo que en vez de pisos, son chalets. No sé si será en todas las urbanizaciones, pero parece ser, que en ésta sí. Me di cuenta que nos ubicábamos muy apartados de mi casa y eso no me dio buena satisfacción. De lejos, veía el bosque meciendo las copas de los árboles por una brisa que ni sentía. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Cada vez me sentía más inseguro y comenzaba a aterrorizarme. Un aire se levantó de repente. Olía a putrefacción. Automáticamente, me clavé en el sitio y no pude avanzar. Megan se dio cuenta y retrocedió cuando notó que mi brazo no estaba con el suyo.
-          ¿Te sucede algo?
-          ¡No entraré ahí!- contesté con los ojos abiertos mirando a la nada.
-          ¡Eh chicos, esperad!- gritó Megan preocupada- . ¿Por qué no quieres seguir adelante?
-          Me dan escalofríos este sitio.
-          ¿Qué pasa?- pregunta Tracy un poco molesta a los pocos minutos.
-          Ryan, que no quiere avanzar, pero… está muy raro- explicó ella entre gemidos, como si estuviese aguantándose las ganas de llorar por el temor que causaba en ella aquella situación.
-          ¡Venga Ryan, avanza!- ordenó Tracy seria.
-          No quiero- volví a responder con la misma expresión.
Megan no pudo aguantarlo más y salió corriendo en dirección al bosque, adentrándose en él.
-          ¡Megan, espera!-chilló Cash.
-          ¡Mira lo que has conseguido, estúpido!- escupió Mason como si la boca le quemase y salió corriendo tras ella.
Me espabilé y me empecé a preocupar por Megan. ¡Dichosa niña! No podría haberse marchado para el otro lado, no. Tuvo que irse hacia el bosque. Sin decir nada a los demás, comencé a andar rápido hacia dentro, en busca de mi novia. Sentía una sensación de preocupación y miedo por nuestras vidas. Aquella pestilencia que olí antes no era normal en un bosque. Empecé a correr y a mirar por todas partes. De soslayo, vi como Tracy y Cash iban detrás de mí; acompañando mis gritos de llamar a Megan. Obvio sin recibir respuesta alguna. Me adentraba más y más sin ver o encontrar nada, ni una pista. Acordamos Cash, Tracy y yo en buscarla por separado y antes de que anocheciera, nos encontraríamos en la entrada por donde vinimos. Andaba sin parar, mirando casi todo el rato al suelo por si me encontraba algo que no debiese pisar. Podría encontrarme cualquier cosa.
Seguía vociferando el nombre de Megan, pero ya lo creía inútil. Observé de lejos como una extraña sombra salía de un tronco de árbol, corriendo y desapareciendo entre los matorrales. Eso me alarmó mucho y me asustó. No sabía si era alguien peligroso o Megan corriendo de algo que le había atemorizado, o simplemente, huía de mí.
Todo sucedió muy rápido. Mientras avanzaba y no dejaba de mirar el árbol, me choqué con algo o alguien.
-          ¡Ay!- dijimos al unísono. escuché otro quejido, que no era el mío, proveniente de un lugar enfrente de mí.
Observé y no podía creer que fuese cierto.
-          ¿Otra vez tú?- preguntó ella un poco mosqueada.
-          Eso mismo puedo decir de ti. ¿Nos has seguido?
-          ¡Sí, claro! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer que seguirte a ti y a tus amiguitos!- explicó con tono y gesto de burla.
-          ¿Entonces qué haces aquí?
-          ¡A ti no te importa!- contestó secamente y se dispuso a continuar su camino, pero yo se lo impedí.
La agarré del brazo y la di media vuelta.
-          Eh, ¿qué demonios haces?
-          Eres una chica muy misteriosa. Las dos veces que nos hemos encontrado ha sido aquí y este lugar es siniestro. ¿Podrías explicarme qué significa que los árboles se muevan sin haber viento?
Danna se acercó demasiado a mí, hasta el punto de notar su respiración en mi rostro. Me puse nervioso. Ella sonrió de una manera escalofriante y, a la vez, excitante y sensual.
-          ¿De verdad quieres saberlo?- cuestionó pícaramente con la misma sonrisa y a la misma distancia.
-          S… sí.
Se acercó un poco más. Yo me aparté asustado. Ella sonrió aún más y me agarró de la camiseta para facilitarse en estar más cerca. Lentamente se aproximaba hasta que sobrepasó mi cara para llegar a mi oído.
-          Mañana te lo cuento- rió y me dio un beso en la mejilla. Después se largó y yo me quedé clavado en la tierra sin moverme; por la impresión.

jueves, 13 de enero de 2011

Capítulo 7. Segunda parte

                 -¡Cuatro, tres, dos, uno…!-gritábamos todos al unísono.
                Podíamos decir que ya estábamos oficialmente en 2011 en Miami. Todos los presentes en aquel restaurante daban saltos de alegría, se abrazaban, gritaban… todo por haber pasado de año. No quiero ofender, pero no sé qué tiene de especial cambiar de año ¡Es  un día normal como cualquier otro! Que pasemos a otro año no quiere decir nada, que la gente grite desesperadamente sí.
                Mis padres habían decidido que nos íbamos a ir a un restaurante que no fuera muy caro, y ¡cómo no! Megan y sus padres habían acudido también. No me daba ninguna pena el ver a mi hermana completamente disgustada por ser la desplazada en aquel grupo de adolescentes y adultos. Hubo un momento en el que vio que había otra niña a diez metros de distancia; pero mi madre insistía en que no le hacía ninguna gracia que fuera a hablar con esa niña, porque (según mi madre) ¿y si a lo mejor sus padres eran delincuentes y podían hacerle algo? ¿y si a lo mejor la niña le hace algo? ¿y si a lo mejor le dice cómo llegan los niños al mundo? –esto último lo dijo en voz baja, para que Emily ni siquiera sospechara de que la cigüeña no era la encargada de traer a los niños desde París. Yo los estuve mirando durante un rato, y parecían una familia normal… incluso más normal que nosotros.
                Día 3 de Enero, el día más temido por mí. El comienzo de las clases era hoy quisiera o no. Tenía un cosquilleo terrible en el estómago, aunque ya había pasado muchas veces por esto. Emily se dedicaba a peinar su cabello rubio mientras tarareaba alguna melodía de Disney Channel. No desayuné nada, tenía el estómago cerrado y me daba la sensación de que si comía algo vomitaría. Me disponía a salir de casa con mi mochila cuando mi madre se dispuso a ponerse delante de la puerta y taponar la salida, no quería imaginarme qué pretendía con eso.
                -¿Qué pasa, mamá?-pregunté con cara de incrédulo.
                -No pretenderás irte solo al instituto ¿verdad?
                La pregunta-afirmación tenía doble sentido, por una parte quería saber qué iba a hacer y por otra me estaba obligando a que fuera en coche. En sitios como Dakota lo entendía, que hacía mucho frió; pero en sitios como Miami no creo que fuera la mejor idea, además, había quedado que recogería a Megan.
                -¡No! ¡Qué va! Voy con Megan, iba a recogerla-contesté mientras intentaba pasar por el poco espacio que había dejado mi madre para pasar, en cuanto escuchó esto se apartó y soltó un suspiro de ¿tristeza? No lo sé, pero no podía quejarse… aún le quedaba Emily.
                Por la mañana la temperatura era más baja, pero no importaba porque aun así yo no tenía frío. Llevaba una camiseta de tirantes y unos pantalones piratas, y no creo que pudiera soportar el calor con una simple camiseta y unos pantalones… pero había que aguantarse.
                Llamé al timbre de la casa de los padres de Megan varias veces. La casa no pasaba desapercibida, era una buena casa. Salió la madre de Megan y me miró intentando forzar la vista, no parecía que viera muy bien. Tras algunos intentos en vano se puso unas gafas y me volvió a mirar, pero esta vez me provocaba incomodidad su mirada porque parecía que me estuviera analizando paso por paso.
                -Tú debes ser Ryan ¿no?-¡No! Solo soy un chico que está siempre con sus amigos, a esos a los que yo llamo papás… pero desde luego que no soy Ryan.
                -¡Sí, señora! Soy Ryan, vengo a buscar a su hija Megan-miré un poco al fondo, donde podía observar el pasillo que conducía hacia el comedor. Sonrió.
                -Sí, ya la llamo-giró su cabeza y gritó repetidamente su nombre, luego volvió a mirarme y sonrió. Me hizo una señal indicándome de que volvía en un rato. Se marchó
                Comencé a observar el jardín con detenimiento, estaba más conseguido que el nuestro. No se percibían las malas hierbas, al contrario que en el jardín de nuestra nueva casa… en el cual las malas hierbas abundaban.
                Cuando vi a la madre de Megan volver con una sonrisa y con la mano derecha cerrada me pregunté qué llevaba entre manos aquella siniestra señora. Cogió mi mano derecha y depositó en ella un objeto de tamaño pequeño, hecho de plástico. No podía identificar qué era exactamente, así que decidí abrir mi mano para poder saberlo. Al observarlo no sé si era esclavo de mis pensamientos o es que estaba viendo en realidad un condón en el interior de su envoltorio. Me sonrojé demasiado y abrí los ojos de par en par, la mujer seguía sonriendo.
                -Siento la sorpresa que te has llevado por parte mía-realizó una pausa-, pero hace dos meses Megan ya nos dio un susto con uno de sus muchos retrasos… y nos gustaría asegurarnos de que si eso vuelve a pasar no sea por un embarazo no deseado.
                Realicé una mueca, ya no era ni siquiera por la información que tenía esa madre de su hija… sino por el número infinito de tíos con los que supuse que se había acostado. La mujer volvió a sonreír.
                Me guardé el condón en el bolsillo, a lo lejos vi como Megan bajaba las escaleras y sonreía al verme; en cambio cuando vio que su madre estaba en la puerta y yo la miraba con una expresión de terror supo que algo no marchaba bien.
                -Mamá… no le estarás contando a Ryan ninguna de tus historias ¿verdad?
                -¡Ay, mujer! ¡Cómo te pones por cuatro palabritas de nada!-su madre desapareció de nuestra vista ¡Por fin!
                Comenzamos a caminar por las calles desiertas de Miami, yo seguía con la boca abierta por las palabras anteriores de su madre. Megan no tardó en darse cuenta de qué sucedía.
                -A ver… ¿Qué te ha dicho mi madre?-dijo un tono cansado.
                -¿Decir? Bueno…-miré el cielo despejado que pocas veces podía ver en mi antigua vida. Me ayudó a meditar-no ha dicho nada pero sí que ha hecho.
                Megan se asustó, creo que ni ella podía imaginar lo que su madre podía llegar a hacer.
                -¿Qué… qué ha hecho?-dijo tragando saliva.
                -Me dio un condón y después me habló sobre uno de tus muchos retrasos.
                Ella se imaginaba que sería algo humillante pero tanto como eso no creo que creyera que fuera a ser. Empezó a rascarse y a respirar continuadamente, tragó saliva.
                -Se la ha cargado… ¡te lo juro por lo que sea, joder!-apretó los labios con fuerza y después golpeó la pared con fuerza, produciendo que se hiciera un pequeño corte-¿Qué hace hablando de cosas que no le incumben a nadie?
                Cruzó los brazos y estuvo de morros torcidos durante casi todo el trayecto, en cuanto vio a su pandilla volvió a sonreír. La típica pandilla de populares retorcidos de todas las películas y series. Una chica morena que besaba con ganas a un chico calvo y musculoso con una estrella tatuada en la parte izquierda de su cabeza, y un chico que parecía haber salido de un anuncio de gomina.
                -¡Mira! ¡Ahí están!-sonrió-De ahora en adelante son tus amigos-realicé una mueca de asco al observar a tal tipo de individuos-¡No te pongas así! Son majos, seguro que te caen bien.
                Nos fuimos acercando poco a poco, al ver a Megan se alegraron de por fin volver a ver a su amiguita rubia; el efecto contrario que se produjo al verme a mí, me vieron con cara de extrañados y entre los tres comenzaron a susurrarse cosas en el oído. Me parece que la primera impresión que había dado no era muy buena.
                -¡Hola chicos!-sonrió Megan. Ellos contestaron con otro hola-Como veis tenemos compañía-me miró a mí. Me puse incómodo-. Este es Ryan, mi novio.
                La chica morena la miró incrédulamente, estuvo parada unos cuantos segundos realizando la misma mueca de sorpresa y después suspiró y cruzó los brazos. Me miró con pena.
                -Este chico de aquí es David-señaló al chico calvo, yo le estreché su mano-, pero desde siempre le hemos llamado Cash.
                -Sí, bueno… Cash… ése soy yo-sonrió con cierto aire de prepotencia.
                -En cuanto a esta preciosidad que se exhibe ante tus ojos-realizó un barrido de arriba abajo con su mano izquierda-,pero no tanta como yo-lo dijo de broma pero pudo ver como la envidia mataba a la morenaza ésa-, se llama Tracy-fui a darle dos besos pero la mirada celosa-asesina de su novio me lo impidió-. Y por último pero no menos importante-señaló al chico-gomina-, mi mejor amigo de toda la vida-el sentimiento celos me invadió al ver la cara de interés que ponía Megan a aquel tío-, se llama Mason.
                -Encantado-dijo Mason, le estreché su mano. Parecía más fuerte que David, Cash… o ¡lo que sea!
                Por desgracia no tenía en mi clase a Megan, pero si tenía a Cash. Me decepcioné un poco ¿Por qué no podía estar en la clase de la amiguita sexy, con Megan y Mason? No, tenía que ser con Cash. Ambos permanecimos callados mientras nos dirigíamos a nuestra clase de Lenguaje, hasta que yo rompí el hielo.
                -Así que Cash ¿eh?
                -Sí, realmente siempre me ha gustado que me llamen así. Cuando sea mayor edad o mis padres me lo permitan iré al juzgado para cambiarme el nombre de David por el de Cash.
                No sé por qué había gente que hacían cosas como ésas, si a mí no me gustara mi nombre me pondría como segundo el que a mí me gusta… pero no se me mete en la cabeza eso de llamarte de una manera para que muchos años después la gente se tenga que acostumbrar a llamarte de otra.
                -Bueno… y ¿Cómo te llevas con Megan?-pregunté ansioso, quería saber qué pensaban sus amigos de ella.
                -No te voy a mentir, Ryan-se rascó la nariz y carraspeó varias veces la garganta-. Tú eres su novio número trescientos mil cuatrocientos veinte-dijo con sarcasmo, pero me dio a entender que no era una chica de novios duraderos… si es que de verdad ella podía llamarlos novios.
                Ahora entendía por qué se habían sorprendido tanto al verme, seguro que antes de que comenzáramos las vacaciones tenía otro novio. Tragué saliva y mi lengua jugueteó con mi labio inferior, no era algo que no me imaginara.
                La mañana con Cash no fue muy mal, estuvimos hablando en clase en un montón de ocasiones. Teníamos muchas cosas en común: a los dos nos encantaba el hockey, Simple Plan era nuestro grupo favorito… parecía ser un amigo más fiable que no aquel Chad, al que lo llamaba amigo ¿Cómo pude pensar que se merecía de verdad que le llamara amigo?
                A la hora del almuerzo cogimos las bandejas y comenzamos a comer. Me senté en lo que era en este instituto la mesa de los populares, había mucha gente alrededor que miraba a esta mesa con la tristeza de no poder pertenecer a ese grupo… pero otros en cambio me miraban a mí y después se reían, apuesto a que era por el rollito de los amigos de Megan.
                -¿Qué tal?-preguntó Megan-¿Te gusta este instituto?
                -¿Que si me gusta?-contesté mientras miraba como Tracy y Cash se morreaban-La verdad es que no llevo el tiempo suficiente como para darte una respuesta, pero está bien.
                Megan se decepcionó, seguro que pensaba que le respondería otra cosa. Tras esto y embobada al morreo de Tracy y Cash  ¿Por qué nosotros íbamos a ser menos? Me cogió el cuello con las dos manos y me obligó a besarla. Al principio reaccioné mal; quería separarme de ella lo suficiente como para que no se volviera a acercar, pero luego fui pillándole el gustito y estuvimos unos veintitantos segundos.
                -Ryan ¿A que el bueno de Cash aún no te ha dicho a qué grupo pertenece cada uno de los pringados de esta cafetería?-intervino Mason esta vez.
                -Eh… no-dije sin más.
                Me quedé cortado porque no creo que toda esta gente de aquí fueran unos pringados, eran los estereotipos que gente como ellos solían hacer. Si de verdad querías estar con los populares o ser uno de ellos tendrías que hacer lo que ellos te dijeran sin importar lo que fuera, pero en realidad te utilizaban ya que tú nunca formarías parte de un grupo tan importante.
                -Mira ¿ves a esos de allí?-señaló una mesa que se encontraba a nuestra derecha-Son los deportistas, unos pringados totales. Lo único que quieren es gustar a las chicas por su físico-¿acaso no hacía él lo mismo?-. Esas cuatro mesas de ahí están ocupadas los de laboratorio, realmente odio lo prepotentes que son solo por ser buenos en algo que a los demás no se les da tan bien-estamos en las mismas-. En el resto de mesas se encuentran gente de todo tipo: normalitos, frikis, góticos…-suspiró mientras se enderezaba-. Pero no te pierdas a la persona más friki de los frikis, aquella a la que nadie quiere. Su sitio está allí-señaló la mesa que estaba al lado de la basura-; donde nadie quiere sentarse.
                Al mirar me di cuenta de que aquella persona no se encontraba en esa mesa. La mesa estaba vacía. Megan, Tracy, Cash y Mason comenzaron a reírse por lo bajo e intentando aguantarse la risa. Reírse así les daba un aire más sofisticado.
                -Mason, hoy no está Nothing ¡Qué tonto eres! Su presencia se hace notar, no sé cómo no te has dado cuenta.
                -¡No me digas nada! Que me pongo a llorar-fingió sentirse mal y que lloraba.
                -Ryan, deberías conocer a Nothing. Es ese tipo de tías que nada más verlas te entran ganas de estrangular.
                Cash se rió desesperadamente, sus carcajadas irradiaban ironía. No se reía porque le hiciera gracia por lo que estábamos hablando, sino por lo que iba a decir a continuación.
                -Pues la tenemos en nuestra clase de Arte ¿sabes Ryan?-dejó de reírse-Yo creo que hasta el profesor de Arte le tiene manía, con las miraditas que le echa ¡Jaja!
                -Pobrecito-dijo Megan haciendo pucheros-¿Qué hará Ryan en un mundo donde los frikis son su líder? ¡Estáis tontos! Cambiaos los dos de clase, a ver si podemos estar todos juntitos-sonrió.
                Más tarde nos fuimos a clase de Arte, donde según Cash vería a la tía ésa a la que llamaban Nothing. No sabía qué reacción provocaría en mí el verla, no deseaba reírme de ella nada más verla porque la cagaría. No deseaba quedarme embobado porque lo tenía claro con Megan. Entonces ¿Qué debía hacer entonces?
                Mi nuevo profesor de Arte no tardó en llegar, al menos era más puntual que el otro. Con el otro te podías tirar esperando diez minutos en la hora de después del patio que no aparecería hasta que él no quisiese.
                El profesor me dijo que me sentara en un sitio específico, uno en el yo estaba solo. Todos tenían compañeros, en cambio yo…
                Estuve observando todas las tías que habían en clase, me pregunto quién sería esa Nothing si al menos había venido a esta clase. Sinceramente no vi a ninguna de ellas con pinta de ser la reina de las frikis, o al menos así eran como Megan y su grupito la habían descrito.
                La primera mitad de la clase fue bien, Cash me dejó un pincel y varios botes de pintura que tenía de sobra. Nunca fui un genio con la pintura, pero intentaba al menos dar lo mejor de mí.
                La otra fue muy diferente cuando una chica irrumpió en el aula así sin más. Se acercó con miedo al profesor de Arte mientras le entregaba un justificante médico. Al mirar el rostro de aquella chica me quedé con la boca abierta ¿No era ésa la chica que me había encontrado en el bosque mientras buscaba desesperadamente a Megan el otro día? Ella pareció reconocerme y desvió su mirada al encontrarse con la mía. Miré a Cash, quien la estaba mirando con cara de asco. Me parece que acababa de conocer a Miss Nothing.
                -Es suficiente, Danna-dijo el profesor entregándole el justificante médico, así que se llamaba Danna.
                El profesor le indicó a Danna que se sentara en el sitio libre que había a mi lado. No pude resistir en mirar a Cash otra vez, éste me miraba con cara de pena.
Todos los compañeros por los que pasó mientras iba hacia su destino la miraban con cara de burla y se reían de ella. Ella intentaba evitar mirarlos para no poder mostrar la tristeza que le producía.
Se sentó a mi lado a regañadientes. Puso cara de mala leche y cruzó los brazos. Tenía cara de pocos amigos, no me extrañaba que no tuviera ni un solo amigo en la escuela.
                -Hola, soy Ryan. Nos vimos el otro día ¿me recuerdas?
                Parecía que estábamos en las mismas del otro día, estaba callada. No sé ya si pensar que tenía algún problema y era yo que era un malpensado pero segundos más tarde pude probar que no lo era.
                -Sí, me acuerdo de ti-contestó sin dirigirme la mirada.