miércoles, 26 de enero de 2011

Capítulo 8

Observé que jugaba con la cremallera de su estuche. Yo sin motivo, me quedé mirándola un rato más. Sin darme cuenta, sonó el timbre que indicaba el fin de la clase. Recogí las cosas al mismo tiempo que ella. Cuando terminé, me dispuse a hablarla, pero fue más rápida. Se levantó velozmente y salió de clase. Me quedé atónito y triste, mirando a la puerta y agachando la cabeza.
Pegué un respingo cuando noté un fuerte golpe en mi hombro derecho.
-          ¡Eh, tío! Vamos fuera, que nos esperan los demás.
Asentí con la cabeza. Salí guiado por Cash y su mano derecha en mi hombro. Al traspasar la puerta, ya vi a Megan en el pasillo. Me miró en un momento y me sonrió feliz. Se acercó a mí dando saltos y me abrazó con sus manos en mi cuello. Después me besó suavemente. La agarré por la cintura y disfrute de aquella muestra de afecto, pero no estaba del todo concentrado. Mi mente pensaba en Danna; la Nothing. ¿Cómo puede una persona tener un aspecto tan siniestro y misterioso? Me llamaba la atención y quería conocerla más, saber lo que piensa.
-          ¿Estás bien, Ryan?- preguntó Megan preocupada, lo que hizo que saliera de mis ensoñaciones.
-          Seguro que le ha dejado trastornado la Nothing- finalizó Mason entre risas.
-          Sí- contesté mirándole-, estoy bien- finalicé mirando a Megan a los ojos. Ésta me sonrió y volvió a besarme.
-          ¿Por qué no nos vamos por ahí?- sugirió Tracy.
-          ¿Dónde?- preguntó Cash.
-          Hay clase- añadí.
-          ¡Vaya aburrimiento! ¡Vayámonos a cualquier lado, por ahí! ¡Decidir!
-          ¿Vamos al bosque cerca de la casa de Ryan? Tiene pinta misterioso y podemos investigar- habló Megan con la sonrisa de oreja a oreja. ¿Otra vez? ¡No, por favor!
-          ¡Sí, vamos!- respondieron Cash y Mason al unísono.
Bufé y fui arrastrado del brazo por Megan. Por todo el instituto, estuve buscando a Danna, pero sin rastro de ella; como si le hubiese tragado la tierra.
Estábamos a punto de salir por la puerta, cuando me fijé en el baño de las chicas. Creí verla, pero cuando iba a dar media vuelta para ir hacia allí y comprobarlo, Megan me agarró fuerte del brazo y no pude zafarme. Al menos no quería que se molestara porque iba a hablar con otra chica, asique no insistí mucho. Salimos a la calle y nos dirigimos hacia el bosque frondoso que estaba cerca de mi casa. A medida que caminaba, me entraban escalofríos por el cuerpo. Ese bosque me daba muy mala espina, no sé por qué.
Por el camino; Tracy, Cash y Mason, estuvieron bromeando y sugiriendo qué hacer cuando llegásemos al bosque. Megan me observaba de vez en cuando con una sonrisa angelical. Tengo que reconocer que era bastante guapa. La devolví la sonrisa. Ahora que lo pienso, no hemos tenido ningún momento para estar a solas los dos. Entre las clases y la chica nueva, no hemos tenido una “escapadita” para estar juntos. No me había dado cuenta que pensaba mientras la miraba, lo que ella puso una mueca de extrañeza y felicidad.
-          ¿Estás molesto porque sugerí el bosque de nuevo?
-          No, solo algo cansado. ¿Por qué te has empeñado en ir al bosque?
-          Ya lo verás cuando lleguemos- sonrió pícaramente.
No quise darle mayor importancia, pero el pensar que Megan y yo podríamos estar juntos, abrazados y que pudiese llegar a ser mía, me excitaba mucho. Pasé la lengua por mi labio inferior, pues lo tenía reseco. Megan rió nerviosa. Le miré extrañado y ella hizo un gesto de “No es nada”.
Estábamos los dos apartados del resto del grupo. Una separación un poco considerable para decir que no íbamos juntos.
-          ¡Vamos tortolitos!- gritó Cash andando de espaldas. Me imaginé que se tropezaba y caía. Sonaba cruel pero sería muy gracioso.
Aceleramos el paso hasta ponernos a la altura de todos. Comencé a tener una sensación extraña, como si alguien nos estuviera siguiendo. Miré de vez en cuando hacia atrás, pero no veía a nadie. No me hacía mucha gracia. No quise decirle nada a éstos porque se reirían de mí y no me tomarían enserio, asique decidí callarme. Según avanzábamos, menos seguro de mí mismo estaba. Deseaba terminar con este suplicio y tumbarme en la cama pensando en un bonito campo con amapolas, o delante de mi ordenador a escribir mis pensamientos.
Sin enterarme, llegamos a un camino pedregoso. Nunca antes había visto aquel camino. Miré a mí alrededor para saber dónde nos encontrábamos y si estaba mi casa cerca. Divisé muy a lo lejos una antena de color naranja. Me acuerdo que fue lo primero que vi antes de entrar en mi nueva vida. Nunca había visto una antena de color. Casi siempre eran plateadas o negras, pero ésta, según mi madre, los vecinos la eligieron así para hacer juego con las casas de aquella urbanización. Todo sea dicho por los vecinos de alrededor. Se supone que una urbanización es como una comunidad en un piso, solo que en vez de pisos, son chalets. No sé si será en todas las urbanizaciones, pero parece ser, que en ésta sí. Me di cuenta que nos ubicábamos muy apartados de mi casa y eso no me dio buena satisfacción. De lejos, veía el bosque meciendo las copas de los árboles por una brisa que ni sentía. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Cada vez me sentía más inseguro y comenzaba a aterrorizarme. Un aire se levantó de repente. Olía a putrefacción. Automáticamente, me clavé en el sitio y no pude avanzar. Megan se dio cuenta y retrocedió cuando notó que mi brazo no estaba con el suyo.
-          ¿Te sucede algo?
-          ¡No entraré ahí!- contesté con los ojos abiertos mirando a la nada.
-          ¡Eh chicos, esperad!- gritó Megan preocupada- . ¿Por qué no quieres seguir adelante?
-          Me dan escalofríos este sitio.
-          ¿Qué pasa?- pregunta Tracy un poco molesta a los pocos minutos.
-          Ryan, que no quiere avanzar, pero… está muy raro- explicó ella entre gemidos, como si estuviese aguantándose las ganas de llorar por el temor que causaba en ella aquella situación.
-          ¡Venga Ryan, avanza!- ordenó Tracy seria.
-          No quiero- volví a responder con la misma expresión.
Megan no pudo aguantarlo más y salió corriendo en dirección al bosque, adentrándose en él.
-          ¡Megan, espera!-chilló Cash.
-          ¡Mira lo que has conseguido, estúpido!- escupió Mason como si la boca le quemase y salió corriendo tras ella.
Me espabilé y me empecé a preocupar por Megan. ¡Dichosa niña! No podría haberse marchado para el otro lado, no. Tuvo que irse hacia el bosque. Sin decir nada a los demás, comencé a andar rápido hacia dentro, en busca de mi novia. Sentía una sensación de preocupación y miedo por nuestras vidas. Aquella pestilencia que olí antes no era normal en un bosque. Empecé a correr y a mirar por todas partes. De soslayo, vi como Tracy y Cash iban detrás de mí; acompañando mis gritos de llamar a Megan. Obvio sin recibir respuesta alguna. Me adentraba más y más sin ver o encontrar nada, ni una pista. Acordamos Cash, Tracy y yo en buscarla por separado y antes de que anocheciera, nos encontraríamos en la entrada por donde vinimos. Andaba sin parar, mirando casi todo el rato al suelo por si me encontraba algo que no debiese pisar. Podría encontrarme cualquier cosa.
Seguía vociferando el nombre de Megan, pero ya lo creía inútil. Observé de lejos como una extraña sombra salía de un tronco de árbol, corriendo y desapareciendo entre los matorrales. Eso me alarmó mucho y me asustó. No sabía si era alguien peligroso o Megan corriendo de algo que le había atemorizado, o simplemente, huía de mí.
Todo sucedió muy rápido. Mientras avanzaba y no dejaba de mirar el árbol, me choqué con algo o alguien.
-          ¡Ay!- dijimos al unísono. escuché otro quejido, que no era el mío, proveniente de un lugar enfrente de mí.
Observé y no podía creer que fuese cierto.
-          ¿Otra vez tú?- preguntó ella un poco mosqueada.
-          Eso mismo puedo decir de ti. ¿Nos has seguido?
-          ¡Sí, claro! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer que seguirte a ti y a tus amiguitos!- explicó con tono y gesto de burla.
-          ¿Entonces qué haces aquí?
-          ¡A ti no te importa!- contestó secamente y se dispuso a continuar su camino, pero yo se lo impedí.
La agarré del brazo y la di media vuelta.
-          Eh, ¿qué demonios haces?
-          Eres una chica muy misteriosa. Las dos veces que nos hemos encontrado ha sido aquí y este lugar es siniestro. ¿Podrías explicarme qué significa que los árboles se muevan sin haber viento?
Danna se acercó demasiado a mí, hasta el punto de notar su respiración en mi rostro. Me puse nervioso. Ella sonrió de una manera escalofriante y, a la vez, excitante y sensual.
-          ¿De verdad quieres saberlo?- cuestionó pícaramente con la misma sonrisa y a la misma distancia.
-          S… sí.
Se acercó un poco más. Yo me aparté asustado. Ella sonrió aún más y me agarró de la camiseta para facilitarse en estar más cerca. Lentamente se aproximaba hasta que sobrepasó mi cara para llegar a mi oído.
-          Mañana te lo cuento- rió y me dio un beso en la mejilla. Después se largó y yo me quedé clavado en la tierra sin moverme; por la impresión.

jueves, 13 de enero de 2011

Capítulo 7. Segunda parte

                 -¡Cuatro, tres, dos, uno…!-gritábamos todos al unísono.
                Podíamos decir que ya estábamos oficialmente en 2011 en Miami. Todos los presentes en aquel restaurante daban saltos de alegría, se abrazaban, gritaban… todo por haber pasado de año. No quiero ofender, pero no sé qué tiene de especial cambiar de año ¡Es  un día normal como cualquier otro! Que pasemos a otro año no quiere decir nada, que la gente grite desesperadamente sí.
                Mis padres habían decidido que nos íbamos a ir a un restaurante que no fuera muy caro, y ¡cómo no! Megan y sus padres habían acudido también. No me daba ninguna pena el ver a mi hermana completamente disgustada por ser la desplazada en aquel grupo de adolescentes y adultos. Hubo un momento en el que vio que había otra niña a diez metros de distancia; pero mi madre insistía en que no le hacía ninguna gracia que fuera a hablar con esa niña, porque (según mi madre) ¿y si a lo mejor sus padres eran delincuentes y podían hacerle algo? ¿y si a lo mejor la niña le hace algo? ¿y si a lo mejor le dice cómo llegan los niños al mundo? –esto último lo dijo en voz baja, para que Emily ni siquiera sospechara de que la cigüeña no era la encargada de traer a los niños desde París. Yo los estuve mirando durante un rato, y parecían una familia normal… incluso más normal que nosotros.
                Día 3 de Enero, el día más temido por mí. El comienzo de las clases era hoy quisiera o no. Tenía un cosquilleo terrible en el estómago, aunque ya había pasado muchas veces por esto. Emily se dedicaba a peinar su cabello rubio mientras tarareaba alguna melodía de Disney Channel. No desayuné nada, tenía el estómago cerrado y me daba la sensación de que si comía algo vomitaría. Me disponía a salir de casa con mi mochila cuando mi madre se dispuso a ponerse delante de la puerta y taponar la salida, no quería imaginarme qué pretendía con eso.
                -¿Qué pasa, mamá?-pregunté con cara de incrédulo.
                -No pretenderás irte solo al instituto ¿verdad?
                La pregunta-afirmación tenía doble sentido, por una parte quería saber qué iba a hacer y por otra me estaba obligando a que fuera en coche. En sitios como Dakota lo entendía, que hacía mucho frió; pero en sitios como Miami no creo que fuera la mejor idea, además, había quedado que recogería a Megan.
                -¡No! ¡Qué va! Voy con Megan, iba a recogerla-contesté mientras intentaba pasar por el poco espacio que había dejado mi madre para pasar, en cuanto escuchó esto se apartó y soltó un suspiro de ¿tristeza? No lo sé, pero no podía quejarse… aún le quedaba Emily.
                Por la mañana la temperatura era más baja, pero no importaba porque aun así yo no tenía frío. Llevaba una camiseta de tirantes y unos pantalones piratas, y no creo que pudiera soportar el calor con una simple camiseta y unos pantalones… pero había que aguantarse.
                Llamé al timbre de la casa de los padres de Megan varias veces. La casa no pasaba desapercibida, era una buena casa. Salió la madre de Megan y me miró intentando forzar la vista, no parecía que viera muy bien. Tras algunos intentos en vano se puso unas gafas y me volvió a mirar, pero esta vez me provocaba incomodidad su mirada porque parecía que me estuviera analizando paso por paso.
                -Tú debes ser Ryan ¿no?-¡No! Solo soy un chico que está siempre con sus amigos, a esos a los que yo llamo papás… pero desde luego que no soy Ryan.
                -¡Sí, señora! Soy Ryan, vengo a buscar a su hija Megan-miré un poco al fondo, donde podía observar el pasillo que conducía hacia el comedor. Sonrió.
                -Sí, ya la llamo-giró su cabeza y gritó repetidamente su nombre, luego volvió a mirarme y sonrió. Me hizo una señal indicándome de que volvía en un rato. Se marchó
                Comencé a observar el jardín con detenimiento, estaba más conseguido que el nuestro. No se percibían las malas hierbas, al contrario que en el jardín de nuestra nueva casa… en el cual las malas hierbas abundaban.
                Cuando vi a la madre de Megan volver con una sonrisa y con la mano derecha cerrada me pregunté qué llevaba entre manos aquella siniestra señora. Cogió mi mano derecha y depositó en ella un objeto de tamaño pequeño, hecho de plástico. No podía identificar qué era exactamente, así que decidí abrir mi mano para poder saberlo. Al observarlo no sé si era esclavo de mis pensamientos o es que estaba viendo en realidad un condón en el interior de su envoltorio. Me sonrojé demasiado y abrí los ojos de par en par, la mujer seguía sonriendo.
                -Siento la sorpresa que te has llevado por parte mía-realizó una pausa-, pero hace dos meses Megan ya nos dio un susto con uno de sus muchos retrasos… y nos gustaría asegurarnos de que si eso vuelve a pasar no sea por un embarazo no deseado.
                Realicé una mueca, ya no era ni siquiera por la información que tenía esa madre de su hija… sino por el número infinito de tíos con los que supuse que se había acostado. La mujer volvió a sonreír.
                Me guardé el condón en el bolsillo, a lo lejos vi como Megan bajaba las escaleras y sonreía al verme; en cambio cuando vio que su madre estaba en la puerta y yo la miraba con una expresión de terror supo que algo no marchaba bien.
                -Mamá… no le estarás contando a Ryan ninguna de tus historias ¿verdad?
                -¡Ay, mujer! ¡Cómo te pones por cuatro palabritas de nada!-su madre desapareció de nuestra vista ¡Por fin!
                Comenzamos a caminar por las calles desiertas de Miami, yo seguía con la boca abierta por las palabras anteriores de su madre. Megan no tardó en darse cuenta de qué sucedía.
                -A ver… ¿Qué te ha dicho mi madre?-dijo un tono cansado.
                -¿Decir? Bueno…-miré el cielo despejado que pocas veces podía ver en mi antigua vida. Me ayudó a meditar-no ha dicho nada pero sí que ha hecho.
                Megan se asustó, creo que ni ella podía imaginar lo que su madre podía llegar a hacer.
                -¿Qué… qué ha hecho?-dijo tragando saliva.
                -Me dio un condón y después me habló sobre uno de tus muchos retrasos.
                Ella se imaginaba que sería algo humillante pero tanto como eso no creo que creyera que fuera a ser. Empezó a rascarse y a respirar continuadamente, tragó saliva.
                -Se la ha cargado… ¡te lo juro por lo que sea, joder!-apretó los labios con fuerza y después golpeó la pared con fuerza, produciendo que se hiciera un pequeño corte-¿Qué hace hablando de cosas que no le incumben a nadie?
                Cruzó los brazos y estuvo de morros torcidos durante casi todo el trayecto, en cuanto vio a su pandilla volvió a sonreír. La típica pandilla de populares retorcidos de todas las películas y series. Una chica morena que besaba con ganas a un chico calvo y musculoso con una estrella tatuada en la parte izquierda de su cabeza, y un chico que parecía haber salido de un anuncio de gomina.
                -¡Mira! ¡Ahí están!-sonrió-De ahora en adelante son tus amigos-realicé una mueca de asco al observar a tal tipo de individuos-¡No te pongas así! Son majos, seguro que te caen bien.
                Nos fuimos acercando poco a poco, al ver a Megan se alegraron de por fin volver a ver a su amiguita rubia; el efecto contrario que se produjo al verme a mí, me vieron con cara de extrañados y entre los tres comenzaron a susurrarse cosas en el oído. Me parece que la primera impresión que había dado no era muy buena.
                -¡Hola chicos!-sonrió Megan. Ellos contestaron con otro hola-Como veis tenemos compañía-me miró a mí. Me puse incómodo-. Este es Ryan, mi novio.
                La chica morena la miró incrédulamente, estuvo parada unos cuantos segundos realizando la misma mueca de sorpresa y después suspiró y cruzó los brazos. Me miró con pena.
                -Este chico de aquí es David-señaló al chico calvo, yo le estreché su mano-, pero desde siempre le hemos llamado Cash.
                -Sí, bueno… Cash… ése soy yo-sonrió con cierto aire de prepotencia.
                -En cuanto a esta preciosidad que se exhibe ante tus ojos-realizó un barrido de arriba abajo con su mano izquierda-,pero no tanta como yo-lo dijo de broma pero pudo ver como la envidia mataba a la morenaza ésa-, se llama Tracy-fui a darle dos besos pero la mirada celosa-asesina de su novio me lo impidió-. Y por último pero no menos importante-señaló al chico-gomina-, mi mejor amigo de toda la vida-el sentimiento celos me invadió al ver la cara de interés que ponía Megan a aquel tío-, se llama Mason.
                -Encantado-dijo Mason, le estreché su mano. Parecía más fuerte que David, Cash… o ¡lo que sea!
                Por desgracia no tenía en mi clase a Megan, pero si tenía a Cash. Me decepcioné un poco ¿Por qué no podía estar en la clase de la amiguita sexy, con Megan y Mason? No, tenía que ser con Cash. Ambos permanecimos callados mientras nos dirigíamos a nuestra clase de Lenguaje, hasta que yo rompí el hielo.
                -Así que Cash ¿eh?
                -Sí, realmente siempre me ha gustado que me llamen así. Cuando sea mayor edad o mis padres me lo permitan iré al juzgado para cambiarme el nombre de David por el de Cash.
                No sé por qué había gente que hacían cosas como ésas, si a mí no me gustara mi nombre me pondría como segundo el que a mí me gusta… pero no se me mete en la cabeza eso de llamarte de una manera para que muchos años después la gente se tenga que acostumbrar a llamarte de otra.
                -Bueno… y ¿Cómo te llevas con Megan?-pregunté ansioso, quería saber qué pensaban sus amigos de ella.
                -No te voy a mentir, Ryan-se rascó la nariz y carraspeó varias veces la garganta-. Tú eres su novio número trescientos mil cuatrocientos veinte-dijo con sarcasmo, pero me dio a entender que no era una chica de novios duraderos… si es que de verdad ella podía llamarlos novios.
                Ahora entendía por qué se habían sorprendido tanto al verme, seguro que antes de que comenzáramos las vacaciones tenía otro novio. Tragué saliva y mi lengua jugueteó con mi labio inferior, no era algo que no me imaginara.
                La mañana con Cash no fue muy mal, estuvimos hablando en clase en un montón de ocasiones. Teníamos muchas cosas en común: a los dos nos encantaba el hockey, Simple Plan era nuestro grupo favorito… parecía ser un amigo más fiable que no aquel Chad, al que lo llamaba amigo ¿Cómo pude pensar que se merecía de verdad que le llamara amigo?
                A la hora del almuerzo cogimos las bandejas y comenzamos a comer. Me senté en lo que era en este instituto la mesa de los populares, había mucha gente alrededor que miraba a esta mesa con la tristeza de no poder pertenecer a ese grupo… pero otros en cambio me miraban a mí y después se reían, apuesto a que era por el rollito de los amigos de Megan.
                -¿Qué tal?-preguntó Megan-¿Te gusta este instituto?
                -¿Que si me gusta?-contesté mientras miraba como Tracy y Cash se morreaban-La verdad es que no llevo el tiempo suficiente como para darte una respuesta, pero está bien.
                Megan se decepcionó, seguro que pensaba que le respondería otra cosa. Tras esto y embobada al morreo de Tracy y Cash  ¿Por qué nosotros íbamos a ser menos? Me cogió el cuello con las dos manos y me obligó a besarla. Al principio reaccioné mal; quería separarme de ella lo suficiente como para que no se volviera a acercar, pero luego fui pillándole el gustito y estuvimos unos veintitantos segundos.
                -Ryan ¿A que el bueno de Cash aún no te ha dicho a qué grupo pertenece cada uno de los pringados de esta cafetería?-intervino Mason esta vez.
                -Eh… no-dije sin más.
                Me quedé cortado porque no creo que toda esta gente de aquí fueran unos pringados, eran los estereotipos que gente como ellos solían hacer. Si de verdad querías estar con los populares o ser uno de ellos tendrías que hacer lo que ellos te dijeran sin importar lo que fuera, pero en realidad te utilizaban ya que tú nunca formarías parte de un grupo tan importante.
                -Mira ¿ves a esos de allí?-señaló una mesa que se encontraba a nuestra derecha-Son los deportistas, unos pringados totales. Lo único que quieren es gustar a las chicas por su físico-¿acaso no hacía él lo mismo?-. Esas cuatro mesas de ahí están ocupadas los de laboratorio, realmente odio lo prepotentes que son solo por ser buenos en algo que a los demás no se les da tan bien-estamos en las mismas-. En el resto de mesas se encuentran gente de todo tipo: normalitos, frikis, góticos…-suspiró mientras se enderezaba-. Pero no te pierdas a la persona más friki de los frikis, aquella a la que nadie quiere. Su sitio está allí-señaló la mesa que estaba al lado de la basura-; donde nadie quiere sentarse.
                Al mirar me di cuenta de que aquella persona no se encontraba en esa mesa. La mesa estaba vacía. Megan, Tracy, Cash y Mason comenzaron a reírse por lo bajo e intentando aguantarse la risa. Reírse así les daba un aire más sofisticado.
                -Mason, hoy no está Nothing ¡Qué tonto eres! Su presencia se hace notar, no sé cómo no te has dado cuenta.
                -¡No me digas nada! Que me pongo a llorar-fingió sentirse mal y que lloraba.
                -Ryan, deberías conocer a Nothing. Es ese tipo de tías que nada más verlas te entran ganas de estrangular.
                Cash se rió desesperadamente, sus carcajadas irradiaban ironía. No se reía porque le hiciera gracia por lo que estábamos hablando, sino por lo que iba a decir a continuación.
                -Pues la tenemos en nuestra clase de Arte ¿sabes Ryan?-dejó de reírse-Yo creo que hasta el profesor de Arte le tiene manía, con las miraditas que le echa ¡Jaja!
                -Pobrecito-dijo Megan haciendo pucheros-¿Qué hará Ryan en un mundo donde los frikis son su líder? ¡Estáis tontos! Cambiaos los dos de clase, a ver si podemos estar todos juntitos-sonrió.
                Más tarde nos fuimos a clase de Arte, donde según Cash vería a la tía ésa a la que llamaban Nothing. No sabía qué reacción provocaría en mí el verla, no deseaba reírme de ella nada más verla porque la cagaría. No deseaba quedarme embobado porque lo tenía claro con Megan. Entonces ¿Qué debía hacer entonces?
                Mi nuevo profesor de Arte no tardó en llegar, al menos era más puntual que el otro. Con el otro te podías tirar esperando diez minutos en la hora de después del patio que no aparecería hasta que él no quisiese.
                El profesor me dijo que me sentara en un sitio específico, uno en el yo estaba solo. Todos tenían compañeros, en cambio yo…
                Estuve observando todas las tías que habían en clase, me pregunto quién sería esa Nothing si al menos había venido a esta clase. Sinceramente no vi a ninguna de ellas con pinta de ser la reina de las frikis, o al menos así eran como Megan y su grupito la habían descrito.
                La primera mitad de la clase fue bien, Cash me dejó un pincel y varios botes de pintura que tenía de sobra. Nunca fui un genio con la pintura, pero intentaba al menos dar lo mejor de mí.
                La otra fue muy diferente cuando una chica irrumpió en el aula así sin más. Se acercó con miedo al profesor de Arte mientras le entregaba un justificante médico. Al mirar el rostro de aquella chica me quedé con la boca abierta ¿No era ésa la chica que me había encontrado en el bosque mientras buscaba desesperadamente a Megan el otro día? Ella pareció reconocerme y desvió su mirada al encontrarse con la mía. Miré a Cash, quien la estaba mirando con cara de asco. Me parece que acababa de conocer a Miss Nothing.
                -Es suficiente, Danna-dijo el profesor entregándole el justificante médico, así que se llamaba Danna.
                El profesor le indicó a Danna que se sentara en el sitio libre que había a mi lado. No pude resistir en mirar a Cash otra vez, éste me miraba con cara de pena.
Todos los compañeros por los que pasó mientras iba hacia su destino la miraban con cara de burla y se reían de ella. Ella intentaba evitar mirarlos para no poder mostrar la tristeza que le producía.
Se sentó a mi lado a regañadientes. Puso cara de mala leche y cruzó los brazos. Tenía cara de pocos amigos, no me extrañaba que no tuviera ni un solo amigo en la escuela.
                -Hola, soy Ryan. Nos vimos el otro día ¿me recuerdas?
                Parecía que estábamos en las mismas del otro día, estaba callada. No sé ya si pensar que tenía algún problema y era yo que era un malpensado pero segundos más tarde pude probar que no lo era.
                -Sí, me acuerdo de ti-contestó sin dirigirme la mirada.