miércoles, 22 de junio de 2011

Capítulo 10



Bajamos del coche y nos dirigimos a la entrada. Me notaba tenso y relajado a la vez. Entre la escena acontecida anteriormente por Danna y Megan, y los posibles problemas que ocasionarían posteriormente… era, a duras penas, una situación graciosa y terrorífica. No quiero ni pensar qué puede suceder de ahora en adelante cada vez que se crucen. Por un momento, me quedé pensativo. No sabía realmente el porqué de la visita de Nothing a mi casa. Tampoco debo estar muy cerca de ella mientras esté Megan delante, por el bien de todos. No quiero que Danna sufra nada por parte de mi chica. Un trozo de mí se sentía algo protector con la chica rara, pero no debía permitir que un sentimiento se agrandase de mala manera. Ahora que lo pienso, tengo que pedirla explicaciones por presentarse en mi puerta y la verdad sobre aquel bosque. No me daba buena espina.
Nos adentramos en el instituto. Yo estaba tan absorto en mis pensamientos, que no me di cuenta de que Megan tiraba de mi brazo como una muñeca de trapo. Solo seguía sus pasos. Notaba como hablaban entre ellos, pero no entendía lo que decían. Miraba a los lados para ver si la encontraba, pero parecía que se la hubiese tragado la tierra. Pensé en ir al bosque. Según le dije a Megan, tenía sentido que ella estuviese espiándonos en aquel lugar. Y fue la primera vez donde la conocí. No sabía por dónde ir, pero necesitaba ir. Algo me decía que tenía que hacerlo y no podía esperar.
-Megan, cariño- intenté llamar su atención.
-Ahora no, Ryan. Estoy hablando de algo importante.
-Me parece bien. Yo me voy- lo dije con indiferencia. Ella paró en seco las sílabas que salían por su boca, agolpándolas en su paladar.
-¿Cómo? ¿A dónde vas si se puede saber?- me recordó a mi madre, y esas preguntas que quieren decir “vas si yo lo digo”; me ponen realmente enfermo y molesto.
-Tengo que hacer unas cosas. Luego te cuento. Chao, te quiero- la besé fugaz y me marché como si el mismísimo diablo me pisara los talones.
La dejé con la palabra en la boca. Eso la enfureció, lo sé, pero me daba lo mismo en ese instante. Corrí como nunca lo hice, y noté como los pulmones me subían por la garganta. Una sensación rara y extraña me invadió el cuerpo. Aminoré el paso para tranquilizar mi respiración y los latidos de mi corazón. Sentía un pánico interior que no impedía mi movimiento corporal.
Sin saber qué hacer en mitad del bosque, actué con lo primero que se me ocurrió.
-¡Danna!- grité con todas mis fuerzas y creí que podría hacerlo mejor.
Sin darme cuenta, ya había avanzado algo más. Cuando estuve corriendo no me enteré de haber llegado al bosque. Al ver a mi alrededor todo verde y el campo de velocidad empequeñeciéndose, lo tuve claro. Tomé aire y paré. Cuando recuperé la respiración, no dudé en gritar su nombre con todas mis ganas; aunque aseguraba de antemano que nadie me escucharía.
-¡Danna!- volví a gritar, cerciorándome que no podría subir más mi tono de voz, así que como una manera de supervivencia, lo repetí las veces que mis cuerdas vocales me lo permitían-. ¡Danna!- hice una pequeña pausa- ¡Danna!
Al verlo inútil, comencé a andar despacio por el arenoso suelo del bosque. Noté una brisa recorrer mi nuca. Un escalofrío invadió mi ser como un demonio diabólico en busca de un cuerpo donde sobrevivir.
No sé cuánto tiempo estuve andando, ni cuánto tiempo estuve adentrándome en el bosque. Pero sin darme cuenta no sabía en qué lugar situarme. Volvió la brisa de hace unos… ¿minutos? No sé ni cuánto tiempo había pasado desde la última vez. Sopló con más fuerza que la anterior, notando un ligero frescor que provocó los pelos de mis brazos ponerse en punta, al igual que mi carne se tornó de gallina.
-¡Ryan!- se escuchó un grito familiar detrás de mí, y un poco preocupante. Me giré como me permitía el cuerpo-. ¿Qué haces aquí?- terminé de girarme por completo a una lentitud inhumana.
-¡Danna!- se me acercó con rostro desencajado y me agarró la cara para que la mirase.
-¡Dime! ¿Qué demonios haces aquí a estas horas?
-He venido a buscarte- se lo solté con tranquilidad y mirándola profundamente a sus ojos azules. Se puso nerviosa y rompió la conexión que había formado nuestras miradas. Una pequeña sonrisa asomó en sus labios, pero sería imperceptible a cualquier vista sino estuviese alguien mirándola fijamente; sin contar con las pocas milésimas de segundo que duró dicha mueca. Me di cuenta de aquello y la aparté de mí, quitando el contacto de sus manos en mis mejillas y despejándome del ensimismamiento que había sufrido hace unos momentos.
-¿A mí? ¿Por qué?- sonó confusa.
-Por varios motivos. Déjame hablar y luego dices o haces lo que quieras. Primero, quiero saber qué hacías esta mañana en mi puerta. Y segundo, quiero que me digas exactamente qué ocurre en este macabro lugar- alcé los brazos señalando el paisaje-. Y no me vengas con que solo los árboles se mecen con una brisa que no existe. No soy tonto y no me creeré una explicación tan estúpida- dije todo de carrerilla y apuntándola con el dedo índice. Creo que me olvidé de respirar o tenía un orificio escondido para que no me ahogara tan rápido, sino, no sabría qué explicación darle a lo acontecido ahora mismo.
-Mira, bonito- le dio un manotazo para que dejara de apuntarla. Eso lo odiaba mucho-. Yo no tengo las respuestas a tus preguntas. Si fui a tu casa, era para comentarte lo que te dije. Que los árboles se mueven sin viento. No hay más allá; yo no sé más- cada vez alzaba más la voz-. Que sea la última vez que me vuelves a levantar la voz, y a apuntarme con el dedo. Tú no eres quien para exigirme nada.
-Claro que no lo soy. Ni lo quiero ser- se ofuscaban a medida que pasaban los minutos. El bosque estaba solitario y ahogaban sus voces al final del camino; dejando que la conversación fuese privada-. ¿Me vas a decir que no sabes por qué pasa eso? ¿Tampoco me vas a decir que tú eres la culpable de todas las desapariciones que ocurren aquí?
¡Crack!
Sonó como el crujir de una rama cuando ha sido pisada recientemente. Así notaba el rostro desencajado y triste de Danna. Le había dado donde más le duele y a mí se me calló el alma al suelo. Sus ojos describían perfectamente su desilusión por mis palabras. No esperaba esa duda, y menos por mi parte. Siempre que se discute, se dicen cosas que no se piensa, cosas que no quieres decir pero las dices y haces daño; mucho daño. Quise rectificar y ella lo vio en mis ojos preocupantes. Negó con la cabeza y se giró cabizbaja. La vi alejándose de mí y el alma bajó a las profundidades, donde no pudiese encontrar el camino de vuelta a mi cuerpo sin vida. No sabía si era el lugar, el momento o los sentimientos. Reaccioné cuando casi la había perdido de vista.
-¡Espera!- grité mientras corría en la misma dirección en la que ella se había marchado.
Cogí tanta velocidad, que ni me di cuenta que casi la estaba alcanzando. Me faltaba poco. Mi respiración se tornaba agitada. Volví a gritar.
-¡Espera!
-No me sigas. No quiero verte.
-Déjame explicarme.
-Ya has dicho suficiente- seguía caminando con el mismo paso con el que se marchó. La voz sonaba a tristeza, desilusión y desganada.
-No quería decir eso- intenté excusarme, pero sabía que no era suficiente.
-Pero lo has dicho- se giró bruscamente y paró en seco, consiguiendo que yo frenara de golpe y me chocara con ella. Caímos en una zona de hierba y quedó debajo de mí, aplastándola.
-Si, lo he dicho y te pido disculpas. No quería decirlo. Ni siquiera lo pensaba- continué aun encima de Danna y con los rostros muy juntos.
-No me importa si lo piensas o no. Lo has dicho en un momento que no debiste decirlo, con lo cual lo piensas aunque tú no lo sepas- contestó girando la cabeza a un lado, intentando esconder la pequeña lágrima que se asomaba y bajaba por su mejilla.
-De verdad, lo siento mucho- le limpié la gota salada que seguía resbalando lentamente por la posición de su cara. Giré su rostro para que me mirara fijamente.
-No lo he pensado jamás, créeme.
Nos quedamos en silencio. Mirándonos por unos segundos que se nos hicieron eternos. No sabía por qué, pero sentía unas ganas inmensas de acercarme más a ella. Lo hacía inconscientemente.
-¿Has terminado?- su cara cambió a un sentimiento de enfado y rencor. Me desoló.
-No- negué enfadado por su cambio de actitud.
-Pues dime lo que me tengas que decir y quítate de encima.
-No tengo nada que decir, pero no me levantaré hasta que no me perdones por mi estupidez.
-Precisamente por eso. Es tu estupidez y yo no puedo arreglártela con un simple perdón.
Debió ser el momento, la forma de hablarme, mi impulso por la necesidad de sentirla o por un cúmulo de todas juntas. Sin pararme a pensar, junté mis labios con los suyos y dejé fluir mis sentimientos de una manera que nunca creí que existían. Ella me correspondió aunque al principio se resistiera. Mi necesidad era tal, que hasta que no quedó saciada no paré de besarla, de sentir su lengua rozando con la mía; jugueteando. Sentía un hormigueo dentro de mí y no sabía exactamente qué era.
Abrí los ojos y me topé con los suyos. Una corriente eléctrica y después… Después una gran luz invadía mi interior. En cuanto me desprendí de sus deliciosos labios, la luz se apagó y volvió la oscuridad

6 comentarios:

  1. madre miaaa!!! k guay me ha encantado pero x dios no me lo dejeis asiii aghhhh k guay k guay y subir dentro d poco xfaa k si no s eme olvida ajjaja bss

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  2. Hola :)
    Me encanta, ya te sigo desde hace tiempo jajaja
    Por favor cuando subas otro capitulo (espero que sea pronto ^^)Avisame, mi blog es este http://sharabbeyroad-paula.blogspot.com/
    Adios. Besos :D:D

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  3. Halaa no me lo dejéis así de interesante jaja, encontré vuestra historia hace poco pero me gustó y ya la sigo :)
    Espero que subáis el 11 pronto. Un beso.

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  4. Tenéis una sorpresa en mi blog chicas :D
    http://1cronicasdelsubmundo.blogspot.com/

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  5. porrrrrrrrrrr dios!!me encanta puedes sacar, otro capitulo, estoy enamorada de la historia!

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  6. Adoro esta historia por favor no lo dejeis asii!!! Me encantaria que vierais mi blog y me aviseis cuando este el siguiente!! Muchas Gracias y seguid asi!

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